Lunes, 20 de Julio del 2026

El Cuerpo como Territorio del Ajuste

El Cuerpo como Territorio del Ajuste

Lo que ha acontecido con los trabajadores Nodocentes de las UUNN argentinas en los últimos nueve años trasciende la esfera de lo económico para situarse en el campo de la biopolítica. No estamos ante una simple crisis salarial, material o sindical, sino ante un proceso de erosión de la subjetividad y de la integridad vital. Para comprender esto, es imperativo tomar como herramienta la interacción entre la doctrina del shock analizada por Naomi Klein, la filosofía de la sociedad del rendimiento de Byung-Chul Han y la crítica al pensamiento positivo de Barbara Ehrenreich.

Un Estrés por Goteo

Es necesario que analicemos la temporalidad de este ajuste. No es un evento aislado, sino la sumatoria de dos lógicas complementarias. Tomamos como punto de partida diciembre de 2016 con un salario básico de la categoría 7 de $12.620.

Desde 2017 hasta finales de 2023, la pérdida salarial no se presentó como un evento catastrófico único, sino como una erosión "a cuentagotas". Año tras año, el poder adquisitivo se reducía en pequeños márgenes de hasta el 3% o 4%. En 7 años el salario llegó a $270.513, cuando, si se hubiera acompañado el índice de inflación, debería haber sido de  $360.093. Esto ya implica una pérdida del 25% del salario en un periodo de 84 meses.

La ciencia del estrés sugiere que este tipo de desgaste gradual podría estar configurando lo que se denomina una “carga alostática crítica” configurando un “estrés financiero” crónico.

Dentro del proceso de "estrés por goteo" que ha caracterizado la última década del trabajador Nodocente, existe un mecanismo técnico con consecuencias biológicas: el descalce temporal de la recomposición salarial. Durante el ciclo 2017-2023, la inflación no solo erosionó el valor absoluto del peso, sobrevaluando la canasta básica, sino que actuó sistemáticamente como un espejismo inalcanzable para los aumentos de sueldo.

El costo de la Canasta Básica Total aumentaba mes a mes de forma ininterrumpida, mientras que el salario permanecía estancado durante, muchas veces, trimestres enteros a la espera de una paritaria. Cuando finalmente se lograba un acuerdo, la recomposición solía entregarse en cuotas, lo que garantizaba que, para cuando el trabajador percibía el último tramo del aumento, este ya había sido devorado por la inflación acumulada del periodo.

La Deuda Biológica del "Mientras Tanto"

Desde la biología del estrés, este descalce genera lo que podríamos llamar una "asfixia temporal recurrente". El sistema biológico humano no solo reacciona a la carencia presente, sino a la anticipación de la misma. Cuando el trabajador observa que los precios de los alimentos suben semanalmente mientras su sueldo está congelado, su cerebro activa una respuesta de hipervigilancia anticipatoria. El Eje Hipotálamo-Hipófisis-Glándula suprarrenal permanece encendido, no por un peligro inminente, sino por la angustia de la privación que se avecina, y que se renueva con cada cuenta a pagar.

Es fundamental entender que los meses que el trabajador pasa con el salario por debajo de los aumentos de la canasta básica no son "neutrales" una vez que llega el aumento. Existe una deuda biológica que la paritaria en cuotas no puede pagar. Durante esos meses de desfase, el trabajador se ve obligado a recortar la calidad de su alimentación, a suspender tratamientos, refacciones, renovación de la ropa o a anular espacios de ocio reparador de encuentros sociales, actividades deportivas o culturales. Ese daño celular y sistémico, provocado por la activación constante del eje Hipotálamo-Hipófisis-Glándula suprarrenal, no se revierte con un retroactivo que, en la mayoría de los casos, termina destinado íntegramente a cancelar las deudas contraídas (tarjetas de crédito, préstamos familiares) para sobrevivir durante el bache.

El Agotamiento de la Adaptación

Este ciclo de "estira y afloja" —donde la inflación sube y la paritaria alcanza tarde— genera una fluctuación errática en los niveles de cortisol. Es que en muchos casos los cambios impredecibles en el entorno socioeconómico son biológicamente más estresantes que un nivel de estrés alto pero estable. Este “efecto acordeón" agota la resiliencia del sistema nervioso, facilitando que la fatiga se vuelva crónica creando una inflamación sistémica de bajo grado que, aunque invisible, se manifiesta como una fatiga que ningún descanso de fin de semana logra mitigar (Guidi, 2021).

El trabajador experimenta la sensación de "correr en una cinta que nunca se detiene": en cuanto la recomposición salarial le permite asomar la cabeza de abajo del agua, la inflación ya ha iniciado el siguiente ciclo de inmersión.

En términos de Byung-Chul Han, este descalce temporal es la herramienta perfecta de la sociedad del rendimiento: mantiene al sujeto en un estado de necesidad perpetua, impidiéndole alcanzar el estado de reposo o contemplación necesario para la organización colectiva. El trabajador está demasiado ocupado calculando cómo llegar a la próxima paritaria o aguinaldo, como para cuestionar el mecanismo que lo mantiene en ese estado de supervivencia económica, social y biológica.

Recorte, endeudamiento, horas extra, pluriempleo: Auto-explotación

Para el filósofo Byung-Chul Han, la sociedad moderna ha pasado de ser una sociedad “disciplinaria” (Foucault) a una "Sociedad del Rendimiento". En este esquema, el individuo se explota a sí mismo bajo la ilusión de libertad. Entre 2017 y 2023, la falta de una respuesta en la recomposición salarial, más la asfixia temporal recurrente frente a la inflación, empujó al trabajador Nodocente a buscar soluciones individuales.

El pluriempleo, las horas extra y el emprendedurismo de supervivencia no fueron vistos como una imposición externa violenta, sino como una "estrategia personal". Aquí reside la violencia neuronal y simbólica: el trabajador, agotado por una inflación mensual que le resta territorio vital, no se rebela contra el sistema, sino que se exige más a sí mismo. Byung-Chul Han sostiene que esto conduce al "cansancio que aísla", un agotamiento que rompe la capacidad de formar un "nosotros". En este estado, el compañero de trabajo deja de ser un aliado en la lucha para convertirse en un competidor o en un espejo de la propia miseria, lo que explicaría la fragmentación y la baja participación en los espacios colectivos a pesar de la grave situación material.

"Privilegiados"

La etapa de la pandemia (2020-2022) introdujo un componente psicopolítico perverso: el imperativo del pensamiento positivo y la gratitud obligatoria. 

Barbara Ehrenreich, en su obra Sonríe o muere, denuncia cómo el optimismo se utiliza como una herramienta de disciplina social. Durante el periodo de excepción de la pandemia, se instaló la narrativa de que los trabajadores universitarios eran "privilegiados" por mantener su salario estatal y realizar tareas mediante el teletrabajo mientras otros sectores perdían ingresos o se les impedía.

Este discurso del "privilegio" Nodocente operó como una anestesia moral. Si el trabajador sentía angustia porque su salario ya no alcanzaba para renovar su vestimenta o mantener su vivienda, el entorno le recordaba que "había otros peor". Esta comparación niveladora hacia abajo impidió que el trabajador reconociera su propio empobrecimiento como una injusticia legítima. El "privilegio" se convirtió en un grillete: se esperaba que el Nodocente fuera resiliente y agradecido, silenciando el hecho de que el costo de la crisis estaba siendo transferido a su hogar, sus calidad de vida, a  su salud mental, a su cuerpo. Esta disonancia cognitiva es, en sí misma, una fuente de estrés biológico: la obligación de proyectar normalidad y eficiencia mientras la estructura material se desmorona.

Luego de la pandemia, este imperativo moral de gratitud por ser “privilegiados” se sostuvo como una consigna que canceló cualquier atisbo de cuestionar el agotamiento económico y físico por la restricción de consumo, la autoexplotación, y el endeudamiento.

La Desesperanza Aprendida

El escenario cambió drásticamente en diciembre de 2023. La devaluación del 125% y el consiguiente traslado a precios generaron una pérdida instantánea de aproximadamente el 25% del salario real. A diferencia de la erosión previa por goteo, este fue un golpe de maza que a diciembre de 2025, en solo 2 años, profundizó drásticamente el desacople de salarios Nodocentes e inflación. El básico de diciembre de 2025, de $626.145, expresa solo el 49,7% frente a los $1.258.445 que deberíamos cobrar si se hubiera mantenido el valor del salario de diciembre de 2016 actualizado con la inflación acumulada desde entonces.

Como advertimos entonces, en el tramo largo, sumando los 7 años de erosión lenta, y los dos años de colapso vertical, la caída total es del 51,25%.

Este shock, sumado a la falta de resultados tras las masivas movilizaciones de 2024 y 2025, aún luego de la aprobación de las dos leyes de financiamiento universitario que el gobierno vetó en 2024 e incumplió sin consecuencias en 2025, han conducido a un estado de "desesperanza aprendida". 

En términos psicológicos, cuando un organismo es sometido a estímulos aversivos (ajuste, vaciamiento, pérdida de estatus) y comprueba que ninguna de sus acciones (paros, marchas, estrategia legislativa) logra modificar el resultado, termina por desgastarse y abandonar la lucha persistente. No es apatía, no es falta de compromiso, es un mecanismo de defensa biológico para ahorrar la poca energía que queda. El hecho de que el gobierno mantenga su política de vaciamiento sin pagar un costo electoral aparente refuerza la sensación de que el trabajador universitario ha sido expulsado del pacto social, junto a otros actores sociales a los que la pedagogía de la crueldad dejó fuera de la sensibilidad de la sociedad, lo que agrava la sensación de desvalorización e incrementa el impacto en la corteza prefrontal del cerebro, encargada de la planificación de futuro (Mullainathan, 2013), una crueldad que actúa como un parásito cognitivo, que configura un sujeto solo reactivo al presente inmediato.

El paro como Escudo Existencial

Frente a esta genealogía del desgaste, la propuesta de institucionalizar paros semanales sistemáticos de un día emerge no como una táctica gremial convencional, sino como un dispositivo de supervivencia biopolítica. En el marco de una paritaria nacional paralizada y un Estado que ha decidido desvincular el costo de la vida del valor de la fuerza de trabajo, la acción colectiva debe desplazar su eje: no se trata de una medida de presión externa orientada a modificar la macroeconomía, sino de una técnica de preservación de la vida. Es, en esencia, la respuesta necesaria al proceso de expropiación de la salud sistémica que los trabajadores universitarios han sufrido durante casi una década, y que se aceleró drásticamente los últimos dos años.

Esta medida se constituye como una "línea de fuga" necesaria frente a lo que Rita Segato denomina la "pedagogía de la crueldad", profundizada hoy por el proyecto político libertario. El gobierno actual no solo aplica un ajuste económico; aplica una pedagogía que busca desensibilizar al sujeto, acostumbrarlo al espectáculo del sufrimiento ajeno y convencerlo de que su precariedad es una consecuencia justa de su "falta de mérito" o de su supuesta condición de "privilegiado" estatal, la cuál debe abandonar ante la pauperización generalizada. La crueldad aquí es disciplinadora: busca que el trabajador acepte la erosión de su vida con resignación y en silencio.

El paro como medida de alivio es un acto de realismo radical: ante un sistema que nos invita a "sonreír o morir" y a "rendir hasta el agotamiento", el trabajador Nodocente elige proteger su existencia, reconociendo que su fuerza vital es el último recurso que no está dispuesto a entregar al vacío del ajuste.

Trazar una línea de fuga significa salir de la confrontación directa donde el poder espera que nos agotemos, ya que no depende de variables en las que podamos influir (geopolítica, macroeconomía, política partidaria, internas, desorientación de la dirigencia política, sindical, universitaria y social). 

Y esto no significa no sostener una agenda de resistencia que denuncie el vaciamiento de la Universidad Pública como preludio a su eliminación. Esa contienda es la agenda compartida con miles de personas de la comunidad universitaria nacional, que sostiene a la Universidad Pública como estrategia para un modelo de país de inclusión y desarrollo. Pero es una agenda en la que somos espectadores en su resolución, y actores corporales en su concreción mediante marchas, medidas de fuerza y acciones de visibilización. Una agenda que va a llevar mucho tiempo de resolución.

En cambio, si aceptamos la evidencia de que el salario real se ha reducido a la mitad desde 2017, debemos aceptar, por una estricta lógica de justicia biológica, que la exigencia de rendimiento debe reducirse en una proporción equivalente. Continuar entregando el 100% de la energía vital a cambio del 50% de la remuneración necesaria para sostener esa misma vida es una forma de subsidiar la pedagogía de la crueldad con el propio capital biológico que sucumbe con la autoexplotación. 

El paro semanal sistemático propone romper este subsidio invisible: es el reclamo del derecho al descanso (ante el pluriempleo, las horas extras, las changas y el emprendedurismo de supervivencia), es el derecho al tiempo para la reparación con las propias manos de la vivienda deteriorada porque solo alcanza para los materiales y no para la mano de obra, es el derecho al tiempo para el cuidado de los vínculos familiares, el derecho al tiempo para la amistad, el derecho al tiempo para el amor, y, fundamentalmente, a la recuperación de la carga alostática.

Al revés de lo que puede intuir el sentido común de la política, el paro como “escudo existencial” no es una medida de abandono o resignación, sino de resistencia profunda. Es la decisión soberana de un cuerpo colectivo que, ante la amenaza de la disolución material y psíquica, opta por preservarse para el futuro. Es la transición del "cansancio que separa" al "cansancio que une", transformando la fatiga muda en un silencio potente y organizado que detiene la pedagogía de la crueldad.

Así el triunfo político deja de identificarse exclusivamente con la confrontación épica y se redefine como práctica que, aún en condiciones adversas, produce cuidado, sentido y dignidad.

Sostener la vida mientras se disputa la “estructura” no es resignación, es estrategia.

Bibliografía:

Bonzon, S. / Malagutti, J.P. (2024). Entre los Privilegios y los derechos. Las representaciones y la realidad de los trabajadores Nodocentes de la UNMDP en la crisis salarial en 2022-2023. UNMDP. Facultad de Cs. Económicas y Sociales,  Tecnicatura en Gestión Universitaria.

Ehrenreich, B. (2011). Sonríe o muere. Barcelona: Debate.

Guidi, J., et al. (2021). Allostatic Load and Its Impact on Health. Psychotherapy and Psychosomatics.

Han, B.-C. (2012-2022). La sociedad del cansancio, La sociedad de la transparencia, Psicopolítica, Infocracia. Herder / Taurus.

Klein, N. (2007). La doctrina del shock. Buenos Aires: Paidós.

Malagutti, J.P. (2026). El cuerpo sitiado: el alivio como proyecto político. 1ra Edición. Mar del Plata. Bayer Ed. https://elcuerpositiado.carrd.co  

Mullainathan, S., & Shafir, E. (2013). Scarcity. Nueva York: Times Books.

Sapolsky, R. M. (2017). Compórtate: La biología de los humanos en nuestro mejor y peor momento. Madrid: Capitán Swing.

Sobre el Autor:

Juan Pablo Malagutti, es Trabajador Nodocente de la Universidad Nacional de Mar del Plata.
Técnico en Gestión Universitaria (Facultad de Cs. Económicas-UNMdP), con formación en Psicología (Facultad de Psicología-UNMdP), y diplomado en Formación Sindical (Universidad Nacional Arturo Jauretche).
Delegado de base de la Asociación del Personal Universitario de la UNMdP, habiendo sido elegido dos veces como presidente del Cuerpo de Delegados de ese sindicato.

Contactar con el Autor a través de: jpmalagutti@gmail.com